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El Emmo. Cardenal Ciriaco María Sancha Hervás hijo extraordinario de la Iglesia, de origen humilde, nació de padres cristianos, labradores, en Quintana del Pidio, Burgos, España, el día 18 de junio 1833.

 

Nacido en circunstancias nada prometedoras, dice su biógrafo el P. Isidro Herrera, tuvo que ser bautizado con el “agua de socorro” inmediatamente porque la vida del niño peligraba por instantes. Al día siguiente, 19 de junio de 1833, el párroco de Quintana del Pidio, su pueblo natal en la provincia de Burgos, completaba las ceremonias del bautizado apresurado con la imposición de los Santos Oleos y el nombre: Ciriaco; el del santo del día, como mandaban las buenas costumbres.

 

Fue ordenado sacerdote en el año 1858. Viajó a Cuba como Secretario de Monseñor Primo Calvo López, con sede en Santiago de Cuba. Preocupado por tantos menesterosos, a raíz de la Guerra de los diez años, se dedica a buscar medios eficaces y duraderos para mejorar su situación. El Espíritu Santo le inspira la solución: Le proporcionará “el auxilio de personas idóneas y habitación donde puedan vivir sin la suprema amargura que experimenta el corazón de un pobre, pues no por ser tal, deja de tener sentimientos”

 

De Cuba, fue llamado a España en el año 1875, como Obispo Auxiliar de Madrid. Siguió escalando los Servicios Episcopales hasta Cardenal Primado de España.


Fidelidad a la Iglesia:

  • Fue encarcelado durante 10 meses en Santiago de Cuba, en el año 1873, por no reconocer como Obispo al P. Llorente, quien se presentó sin Bulas pontificias.
  • Nos transmitió esta fidelidad con su vida y nos la prescribió en las Constituciones: “Como hijas sumisas de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, se distinguirán en prestar obediencia ciega y en tener entera dependencia y profunda reverencia al Sumo Pontífice…Además, obedecerán y guardarán también reverencia a los Prelados legítimos de la Diócesis en que estuvieren o por donde transitaren”.
  • Cuando el santo Padre u otra autoridad eclesiástica, le pedía un servicio, por difícil que pareciera, exclamaba: “Los deseos de su Santidad son para mí sagrados preceptos”. En Madrid, acepta sustituir al primer Obispo, vilmente asesinado en la puerta de la Catedral.
  • Desde Valencia, en 1894, llevó, ante el Papa León XIII, una peregrinación de 18,000 obreros.
  • En sus cartas y pastorales fomentaba siempre entre sus fieles la adhesión filial al sumo Pontífice, Vicario de Cristo.

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Caridad con los pobres:


Socorría directamente a los pobres, con sus propios recursos y con lo que recogía para ellos. Aún siendo Cardenal, iba personalmente a llevar los donativos. Era muy diestro en obtener la aportación monetaria de los ricos para beneficio de los pobres.

 

Fue un gran defensor y promotor de los obreros; se acercó siempre a ellos para brindarles su compañía amistosa, su comprensión, su palabra y su ayuda espiritual y material, no sólo a los obreros católicos, sino a los socialistas. Fundó la Asociación de matrimonios pobres; la Asociación Católica Obrera; Escuelas gratuitas para obreros; vigorizó las escuelas dominicales para jóvenes obreras. Abre las puertas de su Palacio Arzobispal, en Valencia, para alojar a muchas familias, sin viviendas, a consecuencia de una inundación; para ayudar a sostenerlas, rifa su pectoral; habilita un patio de su Palacio Arzobispal en Toledo para almacenar las limosnas que recoge para los pobres.

 

Las Congregaciones que fundó y las que ayudó en su fundación, son todas para el servicio de los pobres. Tuvo siempre para los demás, para sí no tuvo nada. A su muerte reunieron de limosna lo necesario para su entierro y funeral. Le llamaban: “El despensero de los pobres”, “El Padre de los obreros”, “El Obispo Sociólogo”…

 

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Celo apostólico y virtudes cristianas:


En su ministerio sacerdotal dedicó largas horas al confesionario y al apostolado directo. Aprovechó el tiempo que pasó en la cárcel para evangelizar a sus compañeros de prisión: “Hoy hace 4 días que estoy en la cárcel pública, por no reconocer ni obedecer al Obispo cismático. Pero me encuentro tan contento que no ceso de reírme y animar a todos los que vienen a verme para que defiendan los derechos de la Iglesia. Se han hecho amigos míos todos los presos; les digo misa y les predico todos los días; hago el mes de María y de los mismos presos he formado un coro que canta versos a la Virgen. Pónganse muy contentas de estas noticias que les doy y ténganme envidia, porque yo estoy preso por la religión y ustedes no lo están”.

 

Su caridad fue universal; desde la nobleza hasta los más necesitados; aunque estos últimos fueron siempre sus preferidos. Por socorrer a los afectados de epidemias, varias veces contrajo enfermedades, hasta morir víctima de caridad. Su amor a la Eucaristía y al Sagrado Corazón de Jesús lo manifiesta: promoviendo entre sus fieles y sus religiosas esta devoción. Nos prescribe en las Constituciones: “Para que la llama de la caridad esté siempre encendida en su corazón, se valdrán, como medio directo y eficacísimo de conseguirlo, de la devoción al Santísimo Sacramento de la Eucaristía, pues en el está Jesucristo verdadero, real y substancialmente, y su soberana presencia es el mejor y más elocuente libro para aprender a tener un amor universal, desinteresado y lleno de abnegación hacia los pobres”.

 

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Su amor a la Virgen:


Funda asociaciones para avivar su devoción; a partir de su consagración episcopal agrega a su nombre el de María, dedica varias de sus pastorales a promover esta devoción; fundó nuestra Congregación bajo la protección de la Virgen, el día de Nuestra Señora de las Nieves; nos dejó como patrona a la Inmaculada; nos prescribe una serie de prácticas en su honor: ayuno los sábados, oraciones especiales, jaculatorias, Santo Rosario, celebraciones de sus fiestas, etc.

 

Se distinguió por su caridad, sencillez, humildad, prudencia, alegría, abnegación, austeridad, obediencia, abandono en la providencia divina, valentía para combatir los errores, etc. Murió el 25 de febrero de 1909, a los 76 años de edad, después de haber gobernado la Iglesia de Toledo más de diez años. Sobre su tumba se leen estas emocionantes palabras, síntesis de su vida: “Con celo de ardiente caridad, se hizo todo para todos. Vivió pobre y pobrísimamente murió”

 

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